La ciudad de Tapachula, Chiapas, ha abierto sus puertas a cientos de migrantes que quedaron varados en la región debido a las restricciones impuestas por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. A través de un programa de asistencia humanitaria, el gobierno municipal les ofrece trabajo en cuadrillas para “embellecer” la ciudad.
Los migrantes, que provienen de diferentes países, incluyendo Cuba, El Salvador y Haití, trabajan en labores de limpieza y mantenimiento de la ciudad. A cambio, reciben un salario que les permite pagar sus alimentos y viviendas mientras esperan la resolución de sus trámites en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar).
Para muchos de ellos, México se ha convertido en una opción de vida después de las restricciones impuestas por el gobierno de Trump. El migrante cubano Carlos, quien huyó de su país debido a la discriminación por su orientación sexual, expresó su gratitud hacia el gobierno mexicano por abrirles las puertas y respetar sus derechos humanos.
Otros migrantes, como el salvadoreño Adán Antonio, también han encontrado trabajo en el programa y esperan poder quedarse en México. Sin embargo, muchos enfrentan dificultades para obtener la documentación necesaria para permanecer en el país.
Funcionarios locales defienden que Chiapas y México son lugares “hospitalarios” donde no se discrimina ni criminaliza a migrantes, sino que se les reconoce como personas que buscan un mejor futuro. El programa de empleo temporal ha sido fundamental para la supervivencia de muchos migrantes, quienes agradecen al gobierno mexicano por su apoyo.





